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Arriba y abajo del piso 25 Incendio en una de las Torres de Carlos Antúnez

Era mi primer año como Teniente 2º de la Compañía, había asumido el 1º de enero de este año y días atrás me habían reelegido para otro año con el mismo cargo. Recién había cumplido 21 años y como todo bombero joven, estaba en la guardia.

Era el 26 de diciembre de 1991, un día después de Navidad y recién había discutido con mi polola de aquella época. La razón? Tenía que estar nuevamente en la guardia a las 00:30 hrs. y ya la noche anterior me fui temprano de su casa para llegar al turno a la misma hora, en la noche de Navidad.

 

Como la discusión había sido algo densa, la verdad es que no tenía ganas de ver televisión o jugar pool en la bomba. Me despedí de los otros guardianes y  me fui a acostar a la guardia.

 

Dormía en la pieza 2, en la cama 4. En esa época nuestra guardia tenía cuatro piezas, tres con dos camas y una con tres. Éramos nueve guardianes y teníamos dos carros. La bomba y el Z (carro cisterna).

 

Me acosté, le di como 20 vueltas a la discusión con mi polola y tipo 12 estaba durmiendo. Un sueño muy profundo, tanto que ni los pasos ni los murmullos de los otros guardianes que se acostaban después me despertaron.

 

Parecía ser una noche tranquila, hasta que a las 5:50 hrs. un directo corto seguido de otro más corto aun (dos directos o timbres del teléfono conectado con la Central de alarmas) nos pusieron sobre las botas y los blue jeans. Corrí por el pasillo mientras los otros guardianes gritaban “vamos”. Miré la hora y me di cuenta que en 2 horas más tenía clases en la universidad. Bueno, esperé que el llamado fuera corto.

 

Ya en la sala de máquinas me topé con el cuartelero y le pregunté dónde íbamos. Me dijo Providencia con Carlos Antúnez. Abrí la puerta delantera de la bomba, me subí, confirme que todos estuvieran arriba y partimos. Ya camino al lugar, por Los Leones y detrás de las sirenas de B-14, se escuchó el despacho de la Central “Av. Providencia y Carlos Antúnez, 13, 14 y 15 Compañías”  Era llamado completo.

 

Doblamos por Eliodoro Yáñez y después por Pedro de Valdivia hacia el norte. Mientras me ponía la cotona de cuero, la toalla blanca  y el casco MSA, pensaba qué podría estar quemándose en esa esquina. Lo más probable es que sea un local comercial. Tenía claro que quedaría a cargo del llamado, ya que las guardias de la 13 y 15 también estaban a cargo de Tenientes 2º, pero nosotros éramos más antiguos.

 

Cerca de Fidel Oteiza da preinforme la 13: “Se trata de desprendimiento de humo en entretecho de edificio, a cargo Teniente 2º 13.”    ¿Edificio y la central no mandó mecánica?. …¿Estarán fuera de servicio?… Justo antes de llegar a Providencia, vemos bajar al Q-15 (En esa época el cuartel 15 estaba en Apoquindo con El Bosque). “Q-15 a central, por orden de Teniente 2º 15 despache mecánica al lugar” …, Dicho y hecho.  La central despacha a M-15.

 

Doblamos por Providencia al poniente y la escena era compleja. Seis de la mañana y desde una de las torres de Carlos Antúnez, emanaba humo en el último piso y en el entretecho. Estamos hablando de un piso 25 en una torre donde deben vivir 2.000 personas.

 

Doy la orden de armar a grifo y alimentar a B-13. Traspaso el mando de la Compañía al voluntario más antiguo y asumo el mando del Cuerpo. Cuando me bajo de la bomba, camino lentamente hacia el edificio y miro que solamente sale humo desde algunas ventanas del último piso y del entretecho. Llamo por radio al Teniente 2º de la 13 y le pido que se dirija a la puerta del llamado. Lo mismo hice con el Teniente 2º de la 15.

 

Veo que la 13 aun no arma la red seca del edificio, que aunque parezca absurdo, el conserje no sabía donde estaba y la verdad es que no se veía por ninguna parte. Armar 25 pisos por dentro sería algo lento, aunque finalmente tengamos que hacerlo igual.

 

Cuánta información tenía que conseguir y ordenar para tomar una decisión. Mucha sin duda, pero el tiempo pasaba y debíamos llegar a la azotea lo más rápido posible. No había fuego visible desde el exterior y las comunicaciones con el grupo de voluntarios 13 que habían ingresado por la caja de escala eran nulas. Recordemos que en esa época, las máquinas tenían un solo portátil transmisor y los voluntarios teníamos sólo receptores a excepción de los capitanes y comandantes.

 

Al fin aparece la entrada de la red seca. Un voluntario 13 la encontró bajo una tapa metálica en la vereda. Era una entrada subterránea. Hoy prácticamente no existen ese tipo de entradas a red secas.

 

Ya contábamos con agua y mi gran duda era saber qué se quemaba y su magnitud. Mientras espero más información, solicito a la central que despache H-4, un carro que nos podía proveer de equipos de respiración autónoma y extractor de humo, ya que contábamos en promedio las Compañías con dos equipos autónomos.

 

Había asumido el mando del Cuerpo hace dos minutos y la situación no evolucionaba mucho. Tenía muy claro que no debía ingresar al edificio ya que perdería la visión global de la emergencia, por lo que me mantuve a un costado de B-13. Le di instrucciones al Teniente 15 que su personal se dedicara a la evacuación en los últimos pisos del edificio y que la Mecánica la extendiera hasta el piso máximo que su torre diera. Haríamos una segunda red seca desde el exterior, a través de la mecánica y posteriormente hacia el interior por la caja de escalas. Le pedí al conserje que bajara los ascensores al primer piso y que no diera ningún tipo de información que generara alarma entre los habitantes.

 

Volví a la vereda y mire hacia arriba nuevamente. El humo era más rápido y avanzaba por todo el entretecho del ala oriente del edificio. Todavía no tenía contacto con el equipo que ingresó primero y los residentes ya se asomaban en masa por las ventanas para ver qué pasaba y al no ver nada debajo de ellos, entraban sus cabezas tranquilas pensando que era sólo un pequeño amago.

 

Fue en ese momento cuando decidí que debía dar la alarma de incendio. No veía fuego pero el humo era cada vez más denso. No tenía clara la magnitud, pero tenía claro que entre el lugar que se estaba quemando y nosotros habían 25 pisos. Y por sobre todas las cosas, tenía claro que en ese edificio vivían más de 2.000 personas.

 

Le pedí prestada la radio de B-13 a su Teniente 2º. Me subí a su cabina y dije: “214 a central, por orden de Teniente 2º 14 Compañía dé la alarma de incendio y despache material de altura”

 

Segundos después llegó el Capitán 13, Charles Price y le traspasé el mando. En eso, junto a mi ayudante, ingresamos al edificio y por la escalas comenzamos a subir, obviamente sin autónomo ya que los dos que teníamos en la Compañía ya los estaban usando el pitonero y su ayudante que habían subido minutos antes.

 

Todavía agradezco haber tenido 21 años, ya que llegué al piso 25 sin ningún problema y con pulmones para rato. Recuerdo haber hecho el saludo correspondiente cuando llegamos al piso 14 y haber tenido que explicarle como a 10 personas que no pasaba nada grave y que se calmaran. Ya en el piso 20, sin luz, el aire se puso más denso y caliente. Corría esa típica sensación de que había fuego acumulado muy cerca y que había que estar alerta.

 

En el piso 21 se veía caer el agua por los peldaños y el humo empezaba a asomarse tímidamente. Algunos destellos de luces de linterna más arriba, olor a quemado, temperatura alta y mucho agua cayendo por las escaleras nos esperaban en el piso 23. “Teniente, el fuego está concentrado en unas bodegas del último piso y en el entretecho” Me informó un voluntario 13 que con la cara tiznada de negro y la campana del equipo autónomo señalando el fin del aire, nos indicaban que la realidad acá arriba era más espesa.

 

Las rojas mangueras por las escaleras se comenzaban a enredar y costaba saber cuál era 13 y cuál 14. Salí de la caja de escalas en busca de una ventana abierta para poder respirar algo de aire limpio y vi que estaba amaneciendo. El perfil de la cordillera empezaba a romper el negro de la noche y un azul intenso se adueñaba del cielo estrellado. Mientras respiraba por la ventana de este pasillo, miraba Santiago. Que enorme que es. Cuántas personas deben estar durmiendo o empezando a levantarse y yo aquí, dos pisos más abajo de un incendio, mojándome y teniendo claro que esto recién comienza. Claramente no llegaré a clases.

 

Abajo, los autos ya apagaban las luces y se veía al típico repartidor de diario. Por que será que siempre después de un incendio nos topamos con los repartidores de diarios. Como si quisieran recordarnos que ya no queda tiempo para dormir y que en los periódicos que entregan, lo más probable es que no diga nada de este incendio, como si no fuera noticia. En fin, debo volver a organizar el trabajo acá arriba, antes que lleguen todos los pitones que van a querer armar las Compañías.

 

Me pongo el casco nuevamente, me hago espacio entre los voluntarios y subo al piso 24. Ahí se escucha la respiración por los equipos de aire y una nube muy densa de humo negro pasa por arriba nuestro. Para llegar al entretecho, debemos pasar por unas bodegas que están ardiendo. Después de unos minutos los pitones de la 13 y 14 logran controlar el fuego de estas bodegas. Es momento de abrir la puerta que da hacia la azotea y desde ahí dimensionar la magnitud del incendio.

 

Abrimos la puerta y el humo pasó antes que nosotros hacia el exterior. Salgo y piso el techo de lata del edificio que tenía forma triangular. El escenario ahora era distinto. Del sonido constante y saturado de los pasillos y bodegas, ahora escuchamos el sonido del viento y de las sirenas de los diferentes carros que se dirigen al incendio.

 

El techo tiene una estructura de concreto redonda en el centro del edificio. Desde ahí nacen tres alas que le dan esta particular forma a las dos torres de Carlos Antúnez. Una de ellas está ardiendo completamente en su entretecho. Mucho humo sale por todas partes y a primera instancia no tenemos idea como acceder, ya que su altura máxima es de 1 metro y se puede entrar por un pequeño acceso que tiene en su extremo.

 

Lo que es peor aun, en todo este techo no existen barandas por lo que nuestro trabajo se prevé muy riesgoso. Vamos a necesitar destechar esto completamente y acceder desde arriba al fuego. Muy lenta viene la cosa. Por la puerta de la bodega aparecen ya los primeros Comandantes y capitanes de diferentes Compañías. Se suman los hombres de naranjo de la comandancia. Ya habíamos sobre 20 bomberos arriba del techo, sin barandas y con un humo cada vez más picante.

 

Se agregaron como 4 pitones más de diferentes compañías, los que lograron que los pitones de la 13 y 14 bajaran su caudal en forma drástica, ya que también se estaban alimentando de la red seca y desde pisos más abajo. No habían tomado en cuenta mi idea de usar las mecánicas como redes secas externas. En fin, ahora el tema pasaba por cortar los pitones de más y darle preferencia a los pitones que estaban conectados en la parte superior de la red seca.

 

Después de 3 horas de desteche y pitones que iban y venían, logramos controlar el fuego. Entre los escombros apareció el cuerpo sin vida y calcinado de otro conserje del edificio el que al parecer se habría quedado dormido en el entretecho fumando un cigarrillo.

 

Eran cerca de las 9 de la mañana, estaba muy cansado y atrasado a clases. Caminé por el techo carbonizado y aun humeante del edificio, pase por la puerta de acceso a las bodegas y me dirigí a la misma ventana en que había estado asomado hace horas atrás. Necesitaba ver la misma escena pero de día. Era diferente, el sol ya invadía,  las calles estaban plagadas de autos, micros y personas que caminaban, quién sabe dónde. Y yo aun aquí. Llevaba como 4 horas en el incendio, que por haber dado la alarma, lo sentía como propio. Que cosa más absurda.

 

Ahora pensaba en lo difícil que fue apagarlo, en que fue acertada mi decisión de dar la alarma y en el conserje, que estaba muerto. Necesariamente entré en el proceso típico de analizar que un cadáver fue una persona común y corriente con años de historia y con años de futuro, que se vieron frenados por este incendio y que hasta aquí no más llegó. Habrá tenido hijos, señora, familiares y muchos amigos posiblemente y que la gran mayoría no tienen idea que está bajo un montón de latas en un piso 25.

 

Debo volver, ahora hay que remover escombros y preparar el camino para la retirada. Juan Manuel Molina, nuestro Capitán, nos felicita por el trabajo en el incendio y nos pide que revisemos todo el material y recojamos un pitón. Además me comenta que nos quedaremos de guardia con la 13 y la 15 y que mantengamos el último pitón remojando.

 

El Comandante da por terminado el incendio, empiezan a desaparecer lentamente los voluntarios de diferentes Compañías y las personas que habían sido evacuadas de sus departamentos en todo el edificio, trabajo titánico realizado por cientos de bomberos, empiezan volver a sus hogares, algo cansadas, algo dormidas y ya más tranquilas.

 

Bajo las escaleras del edificio, creo que ya por 5ª vez,  y me siento en un banco de madera en un plaza a un costado de B-13. Me saco el casco y miro a mí alrededor. Nuevamente estábamos las mismas máquinas del despacho al llamado y casi las mismas personas. Eran casi las 10 de la mañana y debía volver al cuartel para ducharme e ir a clases. Debía volver a la rutina, hasta que llegó corriendo un voluntario 15 que me dice literal y rápidamente” Teniente, hay  personas que dicen que está saliendo humo desde sus departamentos” Le pregunto en qué piso y su respuesta me deja helado “Teniente, entre el piso 2 y 6”

 

Así comenzaba otra historia y otro incendio que duraría 4 horas más, en el mismo edificio pero 20 pisos más abajo…

 

(Este relato continuará próximamente en: Arriba y abajo del piso 25, Segunda Parte).

 

 

 

Andrés Márquez

Voluntario 14